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Cultivar las frutas y hortalizas que uno consume tiene muchas ventajas que van más allá del bolsillo. Alimentos más saludables, sobre todo si se apuesta por el cultivo ecológico; trazabilidad garantizada, la menor huella ecológica posible son algunos de los pros de poner en marcha un huerto urbano.

 

Pero, ¿cómo lanzarse cuando no se tiene experiencia alguna en el cultivo? Pues decidiéndote y pasando a la acción, porque parte del secreto, como en casi todo, está en aprender con la práctica. Con eso y estos diez consejos, te resultará más fácil sacar adelante tu primer huerto casero para, poco a poco, ir perfeccionándolo.

1. No comiences por los cultivos más difíciles

 Parece una obviedad, pero vale la pena destacarlo: iniciarse en el cultivo con los alimentos más exigentes incrementa mucho el riesgo de que estos no salgan adelante y de que, con ello, cunda la inseguridad.

Como ya habrá tiempo para todo, introdúcete en este mundo con las plantas que prosperen con más facilidad en la zona en la que vives. Las hierbas aromáticas son un buen punto de partida porque son poco exigentes y bastante resistentes.

Así, la albahaca, el orégano o el romero te pueden ayudar a dar los primeros pasos en tu huerto.

2. Cultivos poco exigentes y de temporada

 Además de elegir frutas y hortalizas resistentes y poco exigentes que, a ser posible, sean típicas de tu zona; habrá que fijarse en otro aspecto fundamental que tendrá mucho que ver con que tus productos salgan adelante. Este no es otro que la temporada en la que plantar cada uno de ellos.

 ¿Coliflores al arrancar el verano o espinacas cuando el sol aprieta? Si lo haces, tendrás todas las papeletas para no recoger fruto alguno. Por ello, consulta cuál es el momento adecuado para cultivar cada producto en tu zona y, así, tener más garantías de éxito a la hora de la recolecta.

3. ¿Qué usar semillas o plantones?

 En este punto no hay una respuesta cerrada. Por una parte, optar por los plantones suele facilitar la tarea, ya que por lo general es más sencillo, además de más rápido. Sin embargo -y aquí es probable que tengas que pedir consejo y buscar información de alguien más experto- hay especies que toleran peor que otras los trasplantes y, en general, cualquier cosa que implique un movimiento de su raíz.

Las zanahorias, son un buen ejemplo. Por ello, en ese caso, es probable que el cultivo prospere mejor si se opta por plantar semillas. A su vez, alimentos como el tomate podrá trasplantarse sin mayores complicaciones, por lo que en este caso puedes apostar por semillas o por plantones.

Cultivo huerto ecológico

4. Lo barato sale caro

 Especialmente, cuando de lo que se habla es del aporte de nutrientes para la tierra que vas a acondicionar para tu cultivo casero.

De esta forma, si te ves tentado en usar un sustrato de bajo coste, ojo porque en este caso importa la calidad. De hecho, la riqueza de nutrientes es esencial para que los cultivos prosperen.

Poco a poco, conforme ganes experiencia, podrás incluso emplear compost casero, una solución ideal que se puede crear a partir de los residuos orgánicos que generes en tu vivienda.

5. ¿Sol o sombra?

 Aprender todo lo que puedas sobre los productos que vas a escoger para tus primeras siembras es vital. Así, además de saber si los cultivas en temporada y si es mejor en plantón o en semilla, tienes que prestar atención a lo que necesitarán para salir adelante. En este terreno, las necesidades de exposición a la luz solar tienen mucho impacto.

Aunque lo común es pensar que a más sol, mejor; la máxima no se cumple en el 100% de los casos. Si buscas algunos ejemplos, los encontrarás en algo tan sencillo como la lechuga o las espinacas, que pueden agradecer un respiro y ciertos periodos de sombra.

6. Mucha atención al agua

 Pero el aprendizaje va más allá y se extiende a otro elemento clave para el adecuado crecimiento de los productos que cultives: el agua.

Por lo general, no pecar ni por exceso ni por defecto será una buena línea a seguir. Sin embargo, lo más eficaz será documentarse sobre cada una de las especies que siembres, para conocer sus necesidades concretas. Una vez manejes esta información, en la atención y la constancia estarán las claves.

Así que no olvides tocar la tierra de forma periódica para saber si continúa húmeda.

manzanas7. Optimismo y paciencia, las claves

 La clave del éxito de tus primeros cultivos está también en ti mismo.

Y es que, como en tantas otras cosas, una actitud positiva y confiada será fundamental, porque te ayudará en la constancia y, también, en la toma de decisiones cuando surja algún imprevisto. Y estos llegarán, así que prepárate para ello.

8. Mantén lejos el sentimiento de culpa

 Y, como los imprevistos ocurren, son muchas las razones que pueden llevar a que uno de los productos que cultivaste nunca llegue a prosperar o, también, que lo haga y que se acabe por echar a perder.

Plagas, heladas, granizo… las amenazas son muchas y, por más que quieras, es también frecuente que se escapen de tu control y que acaben con la pérdida de una o de varias de las especies de tu huerto. Por ello, destierra cualquier sentimiento de culpabilidad ante este tipo de situaciones.

calabacines9. ¿Fracaso? No, oportunidad para seguir aprendiendo

 Eso, precisamente, el no dejarse vencer por la culpa ni permitir que la sensación de fracaso te arrastre, será importante, no para el cultivo que se haya perdido, pero sí para el siguiente.

Porque todo lo que te haya sucedido en tus primeras experiencias con tu huerto casero servirá como aprendizaje para ir mejorando y para minimizar los errores.

Sucede en muchos campos y, este, no es una excepción: la práctica conduce, si no a la perfección, cada vez más cerca de ella.

 10. Pregunta y comparte experiencias

 Además de aprender de los errores, es importante aprender de los demás. Porque muchos, antes que tú, se iniciaron con su propio huerto urbano o porque, también, entre quienes tienen cultivos domésticos hay muchos expertos.

Por ello, pregunta, habla de tu huerto, comparte tus experiencias con familiares, amigos, conocidos… Si no tienes ninguno interesado en estos temas, busca en tu comunidad o, también, a través de Internet, donde abundan los foros y las recomendaciones para primerizos que te pueden servir de guía.

Con estas recomendaciones y, fundamental, con ganas para poner en marcha tu huerto y disfrutar de tus propios alimentos frescos, no debes tener problemas para arrancarte con tus primeros cultivos que, además de las ventajas mencionadas al inicio de este post, te darán también muchas satisfacciones personales.

No hay avance con paso firme hacia un modo de vida sostenible que se dé sin prestar atención a los pies. Por mucho que se apueste por las energías limpias, la movilidad no contaminante o el reciclajeel camino hacia una sociedad que cuide su entorno se trunca si no se presta atención a algo tan simple, pero de tanto impacto, como el par de zapatos que uno calza.

¿Qué hace que sean determinantes? ¿Por qué deberías comprar calzado ecológico? A continuación, algunas pistas:

La fabricación del calzado: un mazazo medioambiental

Con más de 20.000 millones de pares de zapatos producidos anualmente en el mundo, saber lo que cada uno supone en términos de huella de carbono es clave: solo por cada par, las emisiones superan los 10 kilos de promedio, según el proyecto CO2Shoe.

Ampliando el espectro, la industria emite cada año 250 millones de toneladas de C02. La etapa más dañina, que no la única, es la fabricación de componentes para una industria que, además, no es ajena a la deslocalización. Esta circunstancia aumenta los factores que entran en juego cuando uno calza un zapato sostenible y cuando opta por uno convencional.

La mayor distancia entre centros productores y mercados empuja al alza las emisiones, en este caso por el transporte. Además, la historia de muchos de los zapatos que se exhiben en los escaparates es la de la abundancia de productos químicos para la producción.

Con normativas ambientales y laborales laxas, lugares como China o la India se han convertido en epicentros de la fabricación. Allí, el recurso a energías fósiles para los procesos de producción, o la aplicación de productos tóxicos para pegar o teñir las piezas están al orden del día. La ecuación puede romperse pero, para ello, hay que primar los mercados de proximidad o los fabricantes que sean transparentes sobre sus cadenas de producción, exigencia que crece y para la que se han activado iniciativas como esta.

Pero para que, cambiando de zapatos, cambie esta dinámica, conviene además apostar por calzado fabricado artesanalmente y con productos naturales, reciclados y reciclables. En ellos, el pegado se convertirá en costura; el tinte químico, en vegetal, y el plástico en materiales orgánicos. Además, atención al embalaje, que suma también a las emisiones.

zapatillas color beige naturalista

Vegetariano, ¿solo para la comida?

Con la industria convencional del calzado no solo se resienten el medioambiente y las personas, sino que lo hacen también los animales. ¿Eres vegetariano pero no has prestado atención al tipo de calzado que utilizas? Si es así, empieza a revisar las etiquetas porque son muchas las especies que no escapan de la explotación en esta industria, que participa junto a otras del sacrificio animal.

La zapatería sostenible y, dentro de ella, los calzados veganos, ofrecen alternativas para quienes no estén dispuestos a usar más zapatos que aquellos que estén 100% libres de componentes animales.

En este sentido, en El Naturalista cuentan con una línea de calzado vegano, que se caracteriza por no tener ningún rastro de componentes animales, ya sea en su forro y corte o en el tratamiento y acabado del producto final.

sandalias veganas blancas hierbas

¿Zapatos viejos? La contaminación suma y sigue

Ahora que sabes más sobre el calzado ecológico, ¿vas a sustituir tus zapatos viejos por unos más ecofriendly? Pues ojo, porque el impacto suma y sigue. Esto es así porque, en demasiadas ocasiones, el calzado que se descarta acaba en la basura y, de ahí, en vertederos.

En su descomposición, que puede durar dos siglos, esos químicos de los que se tiró para la fabricación calarán en suelos y aguas para que, una vez el zapato se desintegre, su huella perdure. ¿No quieres participar de eso? Ahí tienes otra respuesta al por qué inclinarse por calzado ecológico sin productos químicos y fabricado con materiales naturales y biodegradables.

En el Naturalista son responsables y cuidan del medioambiente, a través de la investigación constante, creando e innovando para lograr calzado de alta calidad y sostenible. De hecho, todos sus centros de producción desarrollan iniciativas dirigidas a contrarrestar los efectos del cambio climático, al ahorro energéticoa la eficiencia en el uso del agua y de todos los recursos, así como una correcta gestión de los residuos.

También han mejorado en el uso de materiales, usando materias primas más naturales y reutilizando los excedentes.

Si entre estas razones has encontrado la que te mueva hacia este tipo de calzado, primar la compra consciente y la durabilidad del producto también ayudará. Piensa que, solo en España, se venden 102 millones de zapatos al año. ¿Cómo y con qué se producen? Son preguntas que deberían surgir espontáneamente para avanzar, también con los pies, hacia una sociedad más responsable y sostenible.

Para que España cumpla sus compromisos en la lucha contra el cambio climático, queda camino por recorrer. Alcanzar esa meta tiene que ver con las medidas que las autoridades pongan en marcha, pero va más allá.

Cada uno de nosotros puede convertirse en agente del cambio para, desde el día a día, hacer de este un lugar más respetuoso con el medioambiente.

Aunque el objetivo puede parecer muy grande, desde lo más pequeño se puede aportar y mucho con cosas tan simples como dejar de mantener el grifo abierto más tiempo del necesario o no utilizar el coche para realizar un desplazamiento que se podría hacer andando ¿Te gustaría poner de tu parte?

Aprende cómo hacerlo con siete hábitos sostenibles que puedes poner en práctica desde hoy solo con conciencia, constancia y ganas de hacer de este un mundo más justo y sostenible.

1. El agua, un recurso limitado: ¡Cierra el grifo!

¿Sabías que más de 660 millones de personas (la población de España multiplicada por catorce) viven sin acceso adecuado al agua? Con esta realidad en mente es posible que, en adelante, te resulte más difícil mantener el grifo abierto mientras lavas los platos o te duchas. Para que te hagas una idea del cambio que puede representar girar el grifo a tiempo, te lo explicamos con un ejemplo:Cada vez que te lavas los dientes, se van por el desagüe hasta doce litros por minuto. Si para algo tan cotidiano, optaras por llenar un vaso de agua y lavarte con esa cantidad, en un mes habrías reducido tu consumo tanto como para el cepillado de toda una familia durante décadas. Imagina ahora que este hábito lo extiendes: cerrar el grifo en la ducha mientras te enjabonas o al lavar los platos, tirar de la cadena cuando es necesario… Con eso ahorrarás al día decenas de litros de un recurso tan limitado.

2. Consumo energético sostenible

Un baño o una ducha suponen un consumo de agua de entre 50 y 300 litros que se traducen, además, en un enorme gasto energético. De hecho, el consumo de energía para calentar el agua equivale al de 45 televisores encendidos
Se calcula que el 20% del consumo energético español proviene, directamente, de los hogares. Por ello, lo que uno hace en casa no se queda solo en casa. Acortar el tiempo en la ducha es uno de los pasos que pueden impactar en la reducción del consumo energético. Pero hay más: abrir y cerrar la nevera al tuntún es un gasto extra; como lo es dejar los electrodomésticos en stand by o resistirse a usar bombillas de bajo consumo. Abordando estos aspectos se puede, desde la vida diaria, consumir energía de forma sostenible.

bombillas luces iluminar

3. Compra para alimentarte, no para tirar

Más de siete millones de toneladas de comida acaban en el cubo de la basura anualmente en España. Con millones de personas sin acceso a alimentos, este derroche es poco respetuoso y no habla bien de la conciencia sobre los recursos que se emplean para que los productos lleguen hasta la mesa, y sobre la contaminación que va generando la cadena alimentaria. Evitar que el último escalón de esta cadena sea la basura es algo al alcance de cualquiera.

Solo hace falta la compra y el consumo conscientes. Planificar los menús y aprovechar partes de productos que se tiran cuando podrían emplearse para elaborar comidas, como por ejemplo pieles y tallos, son buenas prácticas que se pueden adoptar desde hoy.

Más de cuatro de cada diez toneladas de alimentos que se desperdician proceden de los hogares, por lo que aprovechar los productos frescos, el pan o los cereales será un pequeño gran paso frente al despilfarro.

4. Alimentación de kilómetro cero: ¿huerto casero?

Si además de controlar la comida que tiras, quieres contribuir a que se avance hacia la soberanía alimentaria, tienes muchas opciones desde tu entorno inmediato o, incluso, desde tu hogar.

Participar en un huerto urbano en tu barrio o, por qué no, crear huertos verticales caseros en tu vivienda, ayudará a que comas con la tranquilidad de que los alimentos no han sido tratados con productos químicos y pondrá su granito hacia una transformación verde de la agricultura y hacia la alimentación de kilómetro cero. Con esta apuesta, aportarás a la reducción de la huella de carbono, puesto que no recurrirás a alimentos que, para llegar a tu mesa, han generado una enorme contaminación, por ejemplo con su transporte. ¿No sabes cómo empezar? Aquí encontrarás un montón de ideas para montar un huerto vertical casero.

huerto urbano cultivar personasHuerto urbano. Foto: Lalobiozar

5. ¿Necesito más ropa?

Lo mismo que, desde tu día a día, puedes apostar por proveerte de alimentos, el consumo responsable puede extenderse a otros ámbitos para que sigas aportando a un modo de vida sostenible. ¿Es temporada de rebajas y te vas a lanzar a comprar ropa nueva mientras la vieja se agolpa en tu armario? Si es así, reflexionar sobre lo que realmente necesitas puede macar diferencias puesto que, por ejemplo, para producir unos vaqueros se consumen 10.000 litros de agua.

¿Sigues con ganas de renovar tu vestuario? Siempre puedes apostar por prendas de moda sostenible.

6. De móviles, pilas y otros objetos contaminantes

Si ya has hecho tuyo el consumo responsable, será más fácil que, cada vez que lanzan un nuevo modelo de teléfono móvil no salgas corriendo a comprarlo si tienes uno en el bolsillo que funciona. Si no puedes resistirte a renovarlo, asegúrate de que no dejas tu móvil viejo en un cajón.

¿Conoces a alguien que pudiera necesitarlo? Dáselo. Si no, deséchalo en el sitio adecuado, porque entre sus componentes figuran metales y otros elementos contaminantes que deben ser tratados. Este camino lo puedes seguir con otros productos que se acumulan en el hogar, como las pilas gastadas, que también son altamente contaminantes.

pilas monton bateria

7. Más bicicleta y menos coche

Todavía hay otro hábito que puedes incorporar a tu rutina y que, además de tener un impacto sobre el medioambiente, lo tendrá sobre tu salud. ¿Utilizas el coche para todo? Pensárselo dos veces y elegir la bicicleta o un paseo ayudará a combatir el sedentarismo y reducirá la contaminación, preocupante en grandes ciudades.

Este cambio silencioso en el transporte que eliges para ir al trabajo o para hacer la compra te borrará de la lista de quienes suman a la polución y agregará tu nombre al de aquellos que aportan para mejorar la calidad del aire. En juego: la salud de quienes lo respiran y del propio planeta.

mujer bicicleta pedalear

Interiorizar estos cambios es tan fácil que puedes empezar desde ya. Si te resistes porque piensas que poco va a cambiar lo que tu hagas, recuerda que a ti se sumará otro, y otro, y otro más. Y así, esta espiral puede tomar fuerza para detener esa otra espiral: la de un mundo sin agua, con temperaturas extremas y con un aire irrespirable que, sin cambios, puede acabar por ser inhabitable.