Saltar navegación e ir al contenido

inspiración de las líneas de esta colección


Papua

papua

Cuando escuché la noticia de que había sido descubierta una selva virgen en Melanesia me acordé de ella.

Al parecer, un equipo de científicos internacionales había encontrado un “mundo perdido” en las montañas de Foja, en Papúa Nueva Guinea. En una zona remota de la jungla, nunca antes pisada por el hombre, habían identificado cientos de especies de animales y plantas desconocidos o que se creían extinguidos…

Me imaginé cómo se habría tomado ella la noticia. La primera vez que la vi yo estaba comiendo en un restaurante. De pronto, una señora vestida de cocinera se acercó a uno de los ejecutivos que charlaban en una mesa y le preguntó si él era quien ella creía que era… y debía de serlo porque acto seguido le dijo que le daba una rabia infinita haber cocinado para él. El hombre le pidió amablemente que se explicase…

- “¿No se lo han dicho? Nadie molesta al jefe con esas tonterías ¿verdad? Llevamos meses intentando hablar con usted y nunca tiene tiempo... ¡Pero para destruir los últimos bosques primarios del planeta sí que tiene tiempo, eh! ¡Todo el tiempo del mundo! ¡Debería darle vergüenza…!”.

Se la llevaron a rastras mientras ella no paraba de patalear. El hombre estaba muy nervioso, no dejaba de pedir que la soltaran, que se tranquilizara todo el mundo, que no pasaba nada… y salió detrás. Volvió al cabo de unos minutos y nos pidió disculpas a todos por el incidente. Se presentó, resultó ser el presidente de un importante grupo empresarial. Dijo que no iba a denunciarla, y le pidió públicamente al dueño que no la despidiera por aquello, porque cocinaba de maravilla.

La cosa se hubiera quedado en una anécdota sino fuera porque un par de semanas después la historia salió publicada en la prensa. Al parecer, en las tiendas del empresario que estaba en el restaurante se estaban vendiendo muebles de madera “made in china”, procedentes de la tala ilegal de los bosques de Nueva Guinea.

Se denunciaba que China es el mayor comprador de madera ilegal en el mundo. Un negocio del que se benefician militares, funcionarios, mafias, multinacionales, agentes de bolsa y comerciantes. La selva de Papúa, la tercera más grande después del Amazonas y el Congo, se encuentra amenazada porque el país viola sus propias leyes forestales; permite el acceso de grandes compañías chinas que ofrecen cuantiosos sobornos a cambio de que sus barcos -cargados de madera de contrabando- no sean interceptados. La madera entra en los puertos chinos con documentos falsos de Malasia, para ocultar su origen… que no es otro que los bosques tropicales protegidos, conocidos como Bosques del Paraíso porque albergan flora y fauna que no se encuentra en ninguna otra parte. Tesoros biológicos de los que las tribus autóctonas dependen para mantener su forma de vida. Árboles que están convirtiéndose en suelos y muebles de jardín para los países ricos.

Sólo unos días más tarde, empujado por el escándalo, el grupo empresarial en cuestión anunció su compromiso con la gestión forestal sostenible: a partir de ese momento sólo comercializaría muebles de madera procedente de bosques cuidadosamente administrados, cuya regeneración de la masa arbórea estuviese garantizada.

Me alegré mucho. Por los Bosques del Paraíso y por la cocinera valiente.

Volví a verla al cabo de unos meses, disfrazada de flor exótica, entre canguros, ranas y aves del paraíso, protestando delante de una tienda de parquet y tarima flotante que hay en la calle donde trabajo. Me acerqué a hablarle, le dije que yo estaba en el restaurante aquel día y la felicité por lo que había logrado… Ella me ató un sombrero con forma de papagayo a la cabeza y me dio una pancarta en la que se veía a un orangután sobre un árbol, junto al lema “No destruyas mi casa para hacer la tuya”.

- “Todo lo del escaparate es merbau talado ilegalmente”. Me dijo. “Viene de China. Todas sus fábricas juntas consumen un árbol por minuto… pero el merbau se defiende ¿sabes? Es tan duro que les estropea las herramientas con las que lo trabajan… Por eso lo utilizan para hacer suelos, por todo lo que es capaz de resistir…”.

- “Habéis montado un buen circo aquí…”.

- “Es que parece que no entienden… normalmente esta gente no tiene apenas información sobre la procedencia de lo que vende… Sólo ve el precio. Así que primero les informamos… incluso les ponemos vídeos donde se ven kilómetros de troncos apilados a lo largo de la costa, la jungla arrasada… Una imagen suficientemente triste… ¡y nos contestan que no es su problema! Dicen que sus muebles proceden de maderas de plantaciones controladas, y no quieren escucharnos cuando les explicamos que las propias autoridades de allí manipulan los certificados forestales... Así que entonces montamos el circo, como tú dices. ¡Un circo de animales en peligro de extinción!”.

Me quedé un buen rato allí con ellos. Intentando llamar la atención de la gente. Vino la televisión, un reportero le preguntó si ella creía que aquello valdría para algo y qué era lo que esperaban conseguir con su actuación…

- “…La especie humana marchita todo lo que toca. Somos capaces de devastar sitios que ni aparecen en los mapas. No hay más que ver la publicidad: “Llévate el exotismo de Indonesia a casa, por menos de lo que piensas”. Si pudieran ver aquello… las flores gigantes, los pájaros, ver como viven los pueblos a los que la codicia está exterminando. Si pudieran sentir su paz… Son amables y hospitalarios: te reciben con cantos y collares de flores, te ofrecen su casa para que duermas y comparten su comida contigo… ¿y cómo se lo devolvemos? Dicen que hay tres clases de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberse. No sé cuál de las tres justifica este saqueo sin escrúpulos… Puede que yo sea una idealista, si es lo que usted insinúa, pero ellos son unos ladrones y mientras habitemos en el mismo planeta no pienso quedarme de brazos cruzados”.

Reproductor de música. Requiere Flash Player 9